Brevísima exposición del modelo metaplatónico

Los ideales platónicos tienen ciertamente interés respecto de la forma en que se pueden usar para analizar no tanto la realidad actual sino el pensamiento en un nivel semánticamente significativo. Sobre todo en lo que respecta al problema de las categorías generales y los particulares.

Es válida la idea platónica entonces, despojándola de pretensiones de actualidad (usamos en este escrito la palabra en su acepción filosófica, equivalente al concepto inglés actual, actually) metafísica (aunque sea solo por el momento). Pero la cualidad de perfección resulta problemática si nuestra topografía no es teleológica, despojémosla de ella también; permitamos la totalidad de la variabilidad en un sistema de objetos mentales posibles. El reino platónico se expande entonces para abarcar un espacio de tamaño y dimensiones infinitas. No consiste solo de ideas perfectas, sino posibles. El límite de los objetos conscientemente (awareness) concebible no es conocido. Un componente importante de la percepción, entonces, incorpora las dimensiones qualia posibles.

Si nos detenemos a revisar nuestro espacio, constatamos ciertas peculiaridades extremadamente interesantes. En él encontramos toda la gama posible de la experiencia humana (podríamos pensar cada objeto como un conjunto de puntos en un espacio infinito con dimensiones infinitas). Encontramos de igual manera todas las combinaciones posibles de estas. Y aun, todas las posibles experiences de un ser consciente (o no, ya que existiría con seguridad un idea-objeto análogo al null set). Encontramos, también —y de forma serendípica— todas las abstracciones.

Y es aquí donde suceden varias cosas. Cuando hablamos de una Obra, digamos, musical, filosófica, literaria, ¿a qué nos estamos refiriendo?. Ciertamente nuestras palabras apuntan a un objeto específico, a una idea. Podríamos casi decirle platónica, pero la teoría de Platón viene con bagaje metafísico moral-teleológico indeseable y limitante, como hemos comentado. Esto aplica más aun cuando referimos a grandes conceptos (ejemplifiquemos, la Teoría de la Evolución por Selección Natural, o ideas similares). El marco de esta teoría meta-platónica nos permite entender a qué nos referimos (a qué objeto —en este caso (y en todos los casos)— mental apunta el lenguaje).

Con esto dejamos definido de manera muy basta el espacio (denominado aquí espacio de las ideas, simbolizado por Μ (µ mayúscula, por Meta)) y los objetos mentales (también ideas).

Podemos pasar a otras características de análisis (vuelve la metafísica). Hemos descrito este espacio como infinito y con infinitas dimensiones. En este espacio, como en la experiencia (y por analogía, evidentemente), hay objetos más y menos similares. Claro está que todos los sonidos tendrán la cualidad de ser sonidos en común, las imágenes del mismo modo, y los colores (aún los que no son parte de nuestro dominio de qualia visual —o, si fuera el caso, los experienciados por diferentes seres, la totalidad de los experienciados (que podrían ser diferentes frente al mismo estímulo físico)—), de más está decir que esto es analogable hasta el infinito.

Innegablemente algunas de estas ideas expresarán verdades o falsedades (existe una idea por cada declaración (statement)). Existe un conjunto de ideas que expresan todas las verdades (cf. la definición del Mundo de Wittgenstein). Naturalmente las verdades son diferentes en cualidad entre sí. Tradicionalmente se ha hablado de la diferencia entre verdades contingentes y necesarias, trazando la distinción en algún punto en el que no hay un consenso claro. Algunos hiperdeterministas rechazarán la existencia de verdades contingentes de plano. Sin embargo, no es controversial afirmar que —de ser la distinción válida— hay verdades más necesarias que otras, y la cualidad de necesario versus contingente se podría situar en un espectro. Es dudoso que mucha gente considere las verdades lógicas como contingentes, lo mismo con las verdades matemáticas. Por el contrario, quienes aceptan la distinción ven los eventos, digamos, de la historia humana o del día a día cotidiano como contingentes. Creo que puede resultar un tanto más controversial el estatus de las verdades físicas. Algunos físicos teorizan incluso sobre un multiverso en el que cada universo paralelo tiene distintos parámetros de inicio, lo que en efecto ve el valor objetivo de esos parámetros como contingente. Vemos aquí la famosa torre de las ciencias, en la que cada ciencia utiliza y se basa en fenómenos emergentes dependientes de la ciencia anterior (lógica, matemática, física, química, biología, podríamos seguir con antropología, historia, sociología, etc.). Nótese que hablamos de ciencias en el sentido que se ocupan de la veracidad de ciertas ideas en un dominio específico. Se ve que, lógicamente, cada dominio de las mencionadas ciencias es contingente del anterior. Desde este punto de vista, la línea entre contingente y necesario puede parecer aun más arbitraria. ¿Por qué las verdades lógicas son seguro necesarias? Ciertamente que nos parecería así si todo lo que experimentamos depende absolutamente de ellas, incluso sin una necesidad ontológica absoluta.

Cada uno de los mencionados dominios de la ciencia es parte importante de un contexto. Cada objeto-idea está dentro de cierto marco contextual, la idea de la novela Guerra y Paz presupone de todas maneras las verdades lógicas actuales, y una innumerable cantidad de elementos contextuales adicionales. Si volvemos a la imagen del espacio infinito, podemos ver estos elementos contextuales como capas (o espacios) dimensionales. Comparten entonces el conjunto de todas las declaraciones verdaderas cierta cantidad de dimensiones que configuran el universo actual. Las realidades ‘paralelas’ o similares que comparten menos verdades contingentes se alejan progresivamente de la verdad actual, hasta que, llegando pasada la capa (espacio configurado por dimensiones contextuales) correspondiente a las verdades matemáticas (y aún más, lógicas) las ideas describen algo totalmente alien a nuestro universo.

Parece claro que deberíamos teorizar sobre una adicional capa de carácter metafísico, ya que la lógica y la matemática no parecen ser capaces de causar la materia, la existencia material del espacio (este no resulta un fenómeno emergente, aunque sea explicable por estos); debe haber una serie de verdades metafísicas que configuren la lógica, la existencia espacial y, hasta cierto punto, los fenómenos emergentes posibles.

Este escrito es una mera introducción y no constituye una definición o exposición rigurosa o detallada del modelo, que es asunto de escritos posteriores.