Dedicada, con cariño y agradecimiento, a Margot Parés Reyna.

Alucinación, poemas de Gabriela Mistral (2023)

Ciclo de canciones para voz y piano, escrito entre abril y septiembre de 2023.

Duración total: ca. 12 minutos

Canciones:
I. La memoria divina (ca. 5 minutos)
II. Riqueza (ca. 2 minutos)
III. La medianoche (ca. 3 minutos)
IV. Paraíso (ca. 2 minutos)

Las primeras tres canciones pueden ser interpretados (cada una) de manera separada.
El último movimiento está escrito para piano solo y el poema puede ser interpretado verbalmente, proyectado o presentado al público de otra manera.

Las canciones pueden trasponerse a voluntad y ser interpretadas como canciones sin palabras por cualquier combinación de instrumentos apropiada. En este caso se sugiere proyectar cada verso mientras está siendo interpretado, o en su defecto presentar los poemas al público de otra manera.

Se sugiere como posibilidad tocar el tercer movimiento attacca desde el segundo (esta indicación no se encuentra en la última edición a la fecha).

Para interpretar la pieza, por favor escriba a
be-mikael@proton.me


Grabaciones e interpretaciones

Santiago Cortez, viola; el compositor, piano.
Registro de un concierto en vivo en el auditorio de la Biblioteca de Frutillar, febrero de 2024.

I. La memoria divina
Alucinación 1-La memoria divina.wav

II. Riqueza - III. La medianoche
Alucinación 2 Riqueza, 3-La medianoche.wav

IV. Paraíso
Alucinación 4-Paraíso.wav
(véase el poema y/o la partitura, más abajo).

Primeras tres canciones, por Jessica Rivas y el compositor

La medianoche, versión viola y piano: Santiago Cortez y el compositor; Galería Bosque Nativo, 2024.

La pieza ha sido interpretada (total o parcialmente) por los siguientes músicos: los cantantes Fabián García, Jessica Rivas y Consuelo Gallardo, el violista Santiago Cortez y el compositor.


Nota de programa

Alucinación es una musicalización de poemas incluidos en el capítulo homónimo del libro Tala, publicado por Gabriela Mistral en 1938. Al componerlos he tenido siempre en mente la entonación natural del castellano hablado y recitado, intentando ilustrar las emociones evocadas en la poesía con las posibilidades que ofrece la música como medio de expresión.

Poemas

La memoria divina

A Elsa Fano

Si me dais una estrella,
y me la abandonáis, desnuda ella
entre la mano, no sabré cerrarla
por defender mi nacida alegría.
Yo vengo de una tierra
donde no se perdía.

Si me encontráis la gruta
maravillosa, que como una fruta
tiene entraña purpúrea y dorada,
y hace inmensa de asombro la mirada,
no cerraré la gruta
ni a la serpiente ni a la luz del día,
que vengo de una tierra
donde no se perdía.

Si vasos me alargaseis,
de cinamomo y sándalo, capaces
de aromar las raíces de la tierra
y de parar al viento cuando yerra,
a cualquier playa los confiaría,
que vengo de una tierra
en que no se perdía.

Tuve la estrella viva en mi regazo,
y entera ardí como un tendido ocaso.
Tuve también la gruta en que pendía
el sol, y donde no acababa el día.
Y no supe guardarlos,
ni entendía que oprimirlos era amarlos.
Dormí tranquila sobre su hermosura
y sin temblor bebía en su dulzura.
Y los perdí, sin grito de agonía,
que vengo de una tierra
en donde el alma eterna no perdía.

Riqueza

Tengo la dicha fiel
y la dicha perdida:
la una como rosa,
la otra como espina.
De lo que me robaron
no fui desposeída;
tengo la dicha fiel
y la dicha perdida,
y estoy rica de púrpura
y de melancolía.
¡Ay, qué amante es la rosa
y qué amada la espina!
Como el dulce contorno
de dos frutas mellizas
tengo la dicha fiel
y la dicha perdida.

La medianoche

Fina, la medianoche.
Oigo los nudos del rosal:
la savia empuja subiendo a la rosa.

Oigo
las rayas quemadas del tigre
real: no le dejan dormir.

Oigo
la estrofa de uno,
y le crece en la noche
como la duna.

Oigo
a mi madre dormida
con dos alientos.
(Duermo yo en ella,
de cinco años).

Oigo el Ródano
que baja y que me lleva como un padre
ciego de espuma ciega.

Y después ya no oigo
sino que voy cayendo
en los muros de Arlés
llenos de sol . . .

Paraíso

Lámina tendida de oro,
y en el dorado aplanamiento,
dos cuerpos como ovillos de oro;

Un cuerpo glorioso que oye
y un cuerpo glorioso que habla
en el prado en que no habla nada;

Un aliento que va al aliento
y una cara que tiembla de él,
en un prado en que nada tiembla.

Acordarse del triste tiempo
en que los dos tenían Tiempo
y de él vivían afligidos,

A la hora de clavo de oro
en que el Tiempo quedó al umbral
como los perros vagabundos . . .

Partitura