Sobre la economía del material en la música

La economía del material es un tema de notable importancia en la historia de la Música Occidental, aunque no ha sido aún ampliamente discutido en términos concretos y explícitos.

El oído se interesa naturalmente por la repetición, ya sea literal, simbólica o abstraída. La economía del material necesariamente implica de alguna forma un grado mayor de repetición, y vice versa. Los compositores, naturalmente, se sienten atraídos hacia cierta economía del material. Esta es una observación puramente fenomenológica.

Compatibilizar una economía del material absoluta con otras preferencias estéticas puede pronto convertirse en una tarea de notable dificultad técnica. Es así como la habilidad de producir una pieza con notable economía de materiales se terminó relacionando con una alta habilidad técnica (esto se ve de manera notable en el caso del estatus pedagógico de la fuga).

En la música occidental, la tradición alemana ha tendido a vincularse a la economía de materiales. Esto ha sido ejemplificado por grandes obras de Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven y otros. La filosofía estética de Arnold Schoenberg valoró la economía de materiales, y de aquí proviene la (extremadamente formalista) estética serial (que culmina en la patología de la exhaustividad que encontramos en Boulez).

No hay nada ontológico en una pieza musical acerca de necesitar economía o coherencia del material. Hay, empero, una cierta expectativa de redondez, de que la obra se cierre sobre sí, existe también una expectación de economía, de recognoscibilidad, de repetición. Esta esquina tiene ciertos tintes platónicos.

Notablemente, Debussy

pensaba que Beethoven tenía cosas terriblemente profundas que decir, pero no sabía como decirlas, porque estaba preso en una red de reafirmación incesante y de agresividad alemana.[1]

Esto ejemplifica el hecho de ser esta una de las controversias que dividen las visiones estéticas germánicas y parisinas, cuyo quid central reside en lo explícito versus lo implícito (ambos pueden entenderse como polos arquetípicos, el germánico develando la Verdad a través de la Forma, el parisino protegiendo a la verdad de los excesos de la forma). Debussy critica que la economía material y motívica de Beethoven tomaba el lugar de la economía semántica.

A fin de cuentas, la economía —como la teleología— es una elección estético-estilística.



  1. George Copeland (1882–1971), cit. in Roger Nichols: Debussy Remembered (Faber & Faber, 1992). ↩︎